viernes, 17 de febrero de 2017

Bodega Secreto Patagónico en Sol del Sur

Es miércoles y está lindo. Hay cata en Sol del Sur, la vinería que hace poco abrió la distribuidora del mismo nombre por calle San Juan y me dan ganas de ir a conocerla y de paso conocer una línea de vinos que desconozco.
Lindo lugar se han armado los amigos para la compra-degustación de vinos. Me gustó y seguramente me tendrán por ahí otra vez.



Los argentinos inflamos el pecho de orgullo por tener la avenida más ancha del mundo, por tener la mejor jugador del mundo, por ser los inventores de la birome y otras tantas cosas. Desde Neuquén viene otro motivo de orgullo y es que Argentina cuenta con la zona vitivinícola más jóven del mundo.
San Patricio del Chañar es una localidad del departamento de Añelo, en la provincia de Neuquén a orillas del río homónimo que recibió sus primeras vides por el año 2003. y que de a poco se va afianzando con la personalidad particular de sus vinos.
La bodega más conocida de la zona es la Bodega del Fin del Mundo, hay otras cinco, la menos grande de todas, pero no menos importante, es la responsable de los vinos que hoy vengo a degustar en éste miércoles de descubrimientos. Se llama Secreto Patagónico y presenta en la vinería de Sol del Sur su línea de vinos llamada Mantra. 



Nos visita en la ciudad de los mosquitos  Sofía Groppo, una de las propietarias de la bodega, que anda por el país defendiendo orgullosa el producto de la empresa familiar. 
La idea de Secreto Patagónico es producir vinos de alta gama que expresen lo más cabalmente la personalidad del lugar de donde provienen. Es decir, que pretende hacer vinos con personalidad y carácterísticas diferenciales de la Patagonia, sin intentar copiar ni parecerse a los vinos de otras zonas. 
Sofia especifica las que para ella son las caracterísitcas diferenciales del terruño de San Patricio del Chañar. Son tres: La Sanidad de la uva, dada por las espaciales condiciones climáticas del lugar que permiten conseguir uvas especialmente libres de toda enfermedad. La Segunda es la acidez natural de los vinos. La tercera, su alta coloración. Las tres se relacionan con  los elementos climáticos que hacen de la Patagonia algo especial. El viento es uno, por él es muy difícil que los hongos o insectos se ensañen con las vides y por él las pieles de las uvas son más fuertes y gruesas, lo que genera luego mayor concentración de color en los vinos. También las temperaturas medias de la Patagonia son menores, lo que da lugar a vinos con menos concentración de azúcares y por lo tanto mayor acidez. 
Secreto Patagónico produce unas 200.000 botellas al año, lo que la hace una bodega de tamaño medio, que busca la calidad en lugar de la cantidad. Tiene 61 hectáreas plantadas de vides en un terreno de 250 en lo más alto de San Patricio del Chañar. La tierra se riega por goteo y todo es trabajo de la familia que le ha puesto el hombro y el alma a éste proyecto desde el 2004 cuando empezaron a producir uvas y desde 2012 cuando establecieron la bodega y empezaron a hacer vinos con nombre propio. 
Mantra es la marca que eligieron para llamar a sus vinos y creo que consiguen eso de expresar lo que pretenden del vino patagónico. Gustos aparte, son vinos con personalidad.



Arrancamos con un espumante, la que tiende a ser una especialidad de la zona según Sofía. Se trata del Mantra Espumante Extra Brut, hecho en partes iguales con uvas chardonnay y pinot noir mediante el método champenoise en la propia bodega. Es muy aromático, a levaduras, toquecitos de pan tostado y frutas tropicales. Banana sobre todo. Le siento un poco terroso que también esta bueno. En boca es frutado, fresco, fácil de tomar y disfrutable. Buena opción de espumante patagónico para el que quiera probar. 



El segundo vino es el primer tinto de la línea llamada Clásica de Mantra. Un Pinot Noir  con un paso mínimo por madera que tenderá cada vez más a desaparecer ya que ésta línea está destinada a vinos que expresen lo más certeramente los vinos del lugar de dónde vienen. Vinos jóvenes, sin madera. 
Este es un pinot oscuro en copa. Tiene un  color rojo rubí intenso, desacostumbrado en los pinot noir. En nariz es muy frutado. Frambuesa en mermelada, bien dulce y toques terrosos. En boca no es tan dulce como parecía en nariz. Tiene una acidez punzante que va directo al paladar. Estructura media y muy fresco. 
Es aquí donde me paro a pensar en eso de vinos que expresen su orígen. Quizás éste no es un pinot tradicional o "de manual" como esperaba. Es un pinot como sale en San Patricio del Chañar. Con color, muy frutado y acidez bien punzante. Es así y está bueno que también existan diferentes expresiones según el orígen. 



El siguiente es el Merlot de la misma línea. Sigue la concentración de color. en nariz siento a "caramelo media hora" con toques mentolados. Fruta negra, un poco pasa. En boca es directo y franco. Frutado y con acidez bastante en punto. Tiene un poco más de estructura que el pinot. Esta bueno. 



Para el tercero pasamos a la línea Reserva de Mantra. En éste caso un Malbec de 2012 con doce meses de barrica y un tiempo en botella. Es en color, violáceo y oscuro pero empieza a tener unos ribetes color teja de la evolución. En nariz siento una ciruela muy madura, casi pasa que al abrirse va dando lugar a una especie de anisado muy perceptible (me acuerdo de un aroma como a "remedio" de mi infancia). Tiene aromas lácticos (como a yogurt). En boca es refinado, llena pero no es muy musculoso. Es rico y mantiene una acidez frutada bastnte interesante. 



El que más me gustó de todos es el Mantra Cabernet Sauvignon Reserva 2011 que vino a continuación. Previo decantado llegó a mi copa y era negro, rojizo, pero con algunas pintas teja de la evolución. En nariz muy aromático. Con aromas a evolución de frutas bien dulces, mermeladas y algo así como un aroma a "tierra húmeda" y hongos muy particular. Rondando todo el mismo anisado del vino anterior y las frutas rojas que aparecian despues. Un vino que iba cambiando de a poco en tanto se iba abriendo en la copa. En boca mucha elegancia, suavidad, delicadeza y presencia. Acidez menguada por los años y una exquisitez para degustarse. Muy bueno, aplausos para Secreto Patagónico por éste Cabernet del Sur, que no será como esos musculosos de Mendoza, pero tiene cosas muy interesantes para compartir con nosotros. 
Contento, me llevé una botella a casa, lástima que al guardarla caí en que era de la cosecha 2013 en vez de la 2011 que degustamos. Quedará guardada un par de años a la espera de las mejoras que el tiempo tenga para darle. 



En una buena medida, terminamos la cata de vinos tintos con un espumante. Buena decisión! Degustamos al hermano mayor del que nos dió la bienvenida. Es un Mantra Rosado de Pinot Noir Extra Brut con doce meses sobre lías. Pan tostado en su apogeo en nariz. en boca muy fino y con bastante estructura, algo cremoso y rico. Bueno. 



Y para terminar la rareza. Estoy interesado en la producción de vinos dulces y las diferentes técnicas que se fueron desarrollando a traves de los años y las latitudes, así que el descubrimiento de la técnica de Cane Cut australiana me gusta. Se trata de "cortar" la rama de la que cuelgan las uvas en el momento ideal de la cosecha y dejarlo pasificar en la planta para después de unos días, si extraer el mosto. De ésta manera se logran niveles altos de azúcar, pero manteniendo la acidez de la uva. Como éste vino que vamos a probar ahora esta hecho con uvas Sauvignon Blanc, la acidez está más presente aún. Se trata del Mantra Cane Cut y es una dulzura. Rico. Nariz muy frutal, con aromas a peras y ananá muy dulces que siguen en boca al tomarlo. Un vino dulce y ácido a la vez que no empalaga y puede acompañar un montón de opciones. Rico y extraño. Buena experiencia de Bodega Secreto Patagónico. 

La pasé bien en éste miércoles 15 de febrero de 2017. Seguramente volveré a Sol del Sur para otras degustaciones y me llevo nuevas ideas sobre el vino patagónico que no tenía. 
Salud a todos y hasta la próxima. 


viernes, 10 de febrero de 2017

Vinos de Super Challenge. Elementos vs. Cafayate

Por fín volvió el certamen del que habla todo el país vinífero. Después de tomar impulso y sacar fuerzas de dónde no hay, me adentro nuevamente en los vericuetos del laberinto que significa la góndola de vinos de un supermercado. Hoy viernes 10 de febrero de 2017 volvemos a la competencia del vino que tan felices nos hizo en 2016.
Arranco pidiéndole públicas disculpas al amigo funense Pablo Pozzi por no llevar adelante aún el duelo por él propuesto. No es falta de voluntad, simplemente se me complica encontrar una de la etiquetas. Ya lo lograré.


Dicho lo anterior nos metemos de lleno a la contienda del día de la fecha. Es una batalla muy pareja. Se enfrentan dos caballitos del comisario de bodegas salteñas. Son dos caras conocidas de las mesas argentinas. Son quizás, de las mejores opciones con que cuenta un consumidor al precio que traen.
En la esquina roja, habiendo costado la friolera de  $ 100,30 en el super del "yo te conozco", proveniente de Salta, de la Bodega Etchart, el Cafayate Malbec 2016.
En la esquina azul, con un precio de 99,72 en el mismo comercio, de Bodega El Esteco, el Elementos Malbec 2016.
Presentados los contendores, aclaro que elegí el Malbec para ver cómo se da en tierras norteñas. Valen practicamente lo mismo, son de la misma zona y de la misma cepa. Qué momento...
Ambos prometen ser frutados y bebibles en sus contraetiquetas. Veremos si cumplen  sus promesas.
En color son similares, bastante oscuros y con tintes violáceos. El Cafayate es un poco más concentrado, pero no mucho.
En nariz el Elementos es un poco frutado como vaticinaba, pero con toques algo herbáceos, un poco rústicos. El Cafayate también, pero tiene toques como a madera y una nota extraña, como a anis. Es un poco más complejo.
En boca el Elementos es un poco áspero, de acidez bastante punzante y una frescura frutal un tanto iinquieta.
El Cafayate tiene otra estructura, llena un poco más, aunque también raspa, pero menos. El trabajo con la madera alternativa se nota, lo que resulta en toques más dulzones y un poco más redondo en boca. Es más musculoso y también acompaña con la acidez que le sentí al anterior. Es un poco más largo.
A pesar de las muchas similitudes que encierra éste challenge, hay tambien muchas diferencias. La mano del hombre ha dado dos productos diferentes.
Me quedo con el Cafayate por ser un poco más franco y gustoso.. Le siento un músculo amable y ese toque anisado que lo vuelve un poco complejo en su simpleza. El Elementos también es una buena opción para las mesas. No duden en comprarlo también. A ese precio es un gran vino.
Y hablando del precio, muchachos del "te conozco", se les está yendo la mano! Son dos vinos que elevan un poquito la vara de los más baratos, pero que estén pasando la barrera de los 100 pesos en góndola me parece mucho a febrero de 2017. En general todos los vinos me parecieron sobrevaluados. Qué está pasando?
Obviamente éste humildísimo blogg no va a hacerles cambiar de opinión, pero piensen un poco más en el consumidor y no tanto en sus bolsillos. En una de esas venden más.
Saludos a todos, hoy levantamos la mano del que para mí tiene todas las chances de convertirse en el futuro campeón del Vinos de Super Challenge.
Abrazo y salud!

domingo, 5 de febrero de 2017

Bodega Sottano en lo de Granado.



El megapoderoso grupo Vicentin ha decidido empezar a jugar en el mundo del vino. Ya hemos ido probando la calidad de sus productos, desde el Reto al Colosso, pasando por el Arrogante y los Tres Sucios. Todos han dado muestras de tener algo para dar. Estan buenos sus vinos.
Dentro de su plan de expansión, ahora han sumado una bodega. Un lugar en el mundo, una base de operaciones. Se trata de la Bodega Sottano (con acento en la "a" para evitar referir a habitaciones bajo tierra). Bodega que no es muy conocida en el mercado interno porque la gran mayoría de su producción de 500.000 litros anuales se exporta. Bodega que no es menor y que le brinda a Vicentin Family Wines una estructura con la que no contaba. Tiene base en Pedriel, Lujan de Cuyo y posee viñedos allí y en Vistaflores, Altamira y Gualtallary en Valle de Uco. Por lo que se ve, no es algo menor.
Hoy es 3 de Febrero en Rosario y me acerco a Lo de Granado Forum a apreciar de qué se trata.
La primer sorpresa de la noche la da don Mauro Charvey, titular de la vinoteca al ponerse al frente de la degustación. No lo hace mal, debería pensar en desarrollar sus dotes de sommelier, talento para la comunicación no le falta.
La segunda nota es que la compra de ésta bodega en particular parece no ser casual. Probados los vinos, y a pesar de lo que dice Mauro, les encuentro una identidad similar a los de Vicentín. Tanino redondo y dulce. Pasar amigable. Utlización tranquila de la madera, que está presente, pero agregando elegancia más que músculo. Tomabilidad pero sin puntualizar en la acidez. Estilo similar.
No son exactos, pero parecería que la búsqueda va por el mismo lado. Así que me los encuentro complementarios.
Arrancamos con un espumante Estra Brut muy frutado. Aromas a duraznos y ananá. En boca muy tranqui, rico, con moderada acidez. Hecho a base de Chardonnay y Vignier con el método charmat, pasa fácil y se toma rápido. Hubo varias apariciones de èste tipo ultimamente.


Seguimos con un torrontés.
Aclaro que ando medio cruzado yo con el torrontés. Creo encontrarle la vuelta a veces y otras me vuelve a desorientar. En realidad los que me desorientan son los que producen torrontés, no la cepa. Me da la impresión que cada uno la lleva para su lado y terminamos teniendo productos completamente contrapuestos etiquetados como el mismo varietal.
En éste caso el Sottano Torrontés 2015 aparece en nariz muy dulzón. Con recuerdos a miel y frutas blancas como durazno blanco o pera. Algún recuerdo muy pequeño a jazmines. Pero con la preponderancia de ese carácter meloso. Ha pasado por madera seguramente. En boca es muy frutado, fresco, pero con acidez bastante moderada. Rico también. Piletero, al decir de Marcela Martinez. No es dulce para nada en boca, pero tiene ese pasar amable. Para nada rústico ni herbáceo.

El próximo es un rosado de Malbec. Tiene un color muy llamativo, un poco violáceo y a cáscara de cebolla. Bastante concentrado. El color de los rosados muchas veces aporta a la experiencia de tomarlo. En nariz es muy frutado también. Cerezas, guindas y frutas similares bastante dulces. Hay un aroma a rosas rondando todo. En boca tiene bastante estructura para rosado, entra dulzón y expresa frutas frescas. Es lo que se podría llamar "gastronómico", da ganas de acompañar comidas. Me gustó.


Pasando a los tintos, probamos el Sottano Cabernet Sauvignon 2015. Color rojo rubí muy intenso. En nariz lo siento al principio con mucho pimiento rojo, bastante fuerte. Después cuando se va abriendo van apareciendo notas especiadas y a pimienta negra y toquecitos a tabaco de la madera. En boca es bastante robusto, pero aterciopelado. Entrada dulzona y tanino agradable con una nota como a menta refrescante y frutas negras bien maduras. Un buen cabernet sauvignon y con una relación entre precio y calidad más que adecuada.


Probamos también el Cabernet Sauvignon de la línea Reserva. Los doce meses de barrica han domado un poco más al Cabernet y lo han hecho mucho más equilibrado. Los pimientos casi han desaparecido y los frutos rojos muy maduros, casi mermelada han tomado el espacio aromático junto con notas de pimienta, vainilla y coco. Rico también al paladar. Estructurado y amable. También tanino dulce y pasar armónico a pesar de una buena estructura.


Terminamos con el Sottano Blend de la línea Reserva. Rico y complejo. Chocolates violetas, mentolado y frutas rojas. Rico en boca, espeso y sabroso. Muy buen blend. quizás haya que esperarlo un poco más en la copa para dejarlo abrir. Yo no lo pudo hacer.

Bien Sottano, insisto con la conexión con los vinos de Vicentín. Tiene una personalidad similar. Habrá que ver que nos depara el futuro con éste emprendimiento. El grupo Vicentín no suele andarse con chiquitas.
Abrazo a todos, sigue retrasándose el vinos de super challenge. Ya arrancaremos.

martes, 31 de enero de 2017

Salón del Vino en Conrad Punta del Este 2017.


"Que noche Teté!" vociferaba en los noventa un estilista argentino hiperbronceado que creía que podía zafar de una golpiza con solo pronunciar su nombre. Parafraseándolo y con mucho menos color en la piel, me doy el gusto de decir "No me peguen, soy Wine Blogger" en los alrededores del Hotel Conrad de Punta del Este en los albores del 2017. Por suerte hoy el mundo es otro y estoy aquí para ser parte de una feria de vinos extraordinaria. No me rodean bellezas despampanantes, ni estrellas decadentes. Voy acompañado del Gran Capitán Kaller, del Sommelier del Pueblo Tomassoni y del reconocido sommelier rosarino Ayubitaaaa. En la puerta nos esperan Penélope Glamour (alias Marcela Martinez) con su compañero Chiqui, Candela, Griselda y el Gran Sensei Moreno. Estamos en el fín de semana del 27 y 28 de enero de 2017 y entramos en cerrada formación moviendo las cabezas dispuestos a disfrutar de éste evento que a mi parecer no tiene igual.
El Salón del Vino del Hotel Conrad de Punta del Este es básicamente una feria de vinos uruguayos. Pero como también acompañan los importadores locales, también es una feria de vinos del mundo. Y ninguno escatima nada a la hora de descorchar. Más de seiscientas etiquetas para degustar. Todos de gran calidad y con presencia de enólogos locales y alguna cara conocida argentina.
Con nuestra copa Riedel en mano, la pregunta es obvia. "Por donde empezar?".
Hay dos noches para no perderse nada, pero aún así no alcanza para todo. Hay que tener un plan. Tenemos un listado tipo sábana con todos las botellas descorchadas. Algunos prefieren dividir en noche de blancos y espumantes y otra de tintos como Damián o Marcela. Otros dividen en vinos del mundo y uruguayos como el Sensei. Mi desorden mental me gana otra vez la partida y voy para dónde me lleve el viento el viernes y un poco más ordenado el sábado.
Durante el primer día confirmo la calidad de los vinos blancos uruguayos. Sobre todo se les da muy bien los viognier, como los producidos por Altos de la Ballena, Garzón y Bouza; y los albariños, como los de los dos últimos nombrados. Siempre me gusta nombrar el Marichal blanc de noir de pinot noir que es una belleza.
Pero de repente me encuentro tomando un Tokaji Húngaro, esa variedad conocida por sus vinos dulces, pero en su versión, seco. Extrañísimo y fantástico. Y de repente hay en mi copa un rosado de la Provence francés con sus fragancias florales y después un robustísimo cabernet sauvignon chileno con tanta madera que se podría fabricar un banco. Vuelvo a los uruguayos y encuentro en la bodega Cattani Orihuela de Salto una personalidad parecida a los Lopez argentinos. Hasta que me cruzo con los amigos perdidos y hacemos una pasada por vinos franceses de Cote du Rhone. Y de ahí a unos pinot noir californianos que me gustaron, no así los sudafricanos que me parecieron sin gracia. Los vuelvo a perder y pruebo de bodega Carrau de Uruguay su famoso Amat 2013 y un Nebbiolo llamado Vilasar de cosecha 2004 que el Sensei dice más tarde que es el mejor vino que probó en la noche. Paso por un stand llamado "Microterroiristas" en los que pruebo cinco diferentes tannats de diferentes zonas y formas de vinificación, muy interesante para desasnarse sobre la cepa emblema del país vecino.
Y ahí me los vuelvo a cruzar a los amigos y los llevo a tomar el que para mí es el mejor vino uruguayo, de Bodegas Bertolini & Broglio, el Tannat Exotic. Charlamos un rato con don Broglio y nos habla con gusto de su proyecto. Después seguimos con algunos "Licores de Tannat" como le llaman a vinos dulces encabezados que producen a la manera de los oportos varias bodegas orientales y casi sin darme cuenta se hizo la hora del cierre y la copa se convirtió en calabaza y a dormir, que mañana será otro día y quedó mucho por probar.
Obviamente me faltaron contar algunos que no me gustaron tanto. El Sommelier del Pueblo dice haber probado 43 vinos esa noche. Yo creo que fueron bastantes más.

Siendo consciente del desorden del viernes, trazamos un plan maestro para el sábado. Tomaremos vinos argentinos, del mundo seleccionados y por último íconos de bodegas uruguayas para terminar.
Contentos y tranquilos con la listita en el bolsillo, entramos con todo para el sábado.
Este fue el arranque:
Gala 2 2011 de Luigi Bosca.
Iscay 2010 de Bodega Trapiche.
Trapiche Terroir Series Malbec 2012 Finca Ambrosía.
Bressia Profundo 2012.
Antología XXXIV Pinot Noir 2010 de Rutini.
Felipe Rutini 1996
Yacochuya M. Rolland 2001 Malbec.
Siete vinitos para calentar la noche no?
Después probamos dos españoles de Ribera del Duero buenísimo. Algunos chilenos entre los que se destaco el Marques de la Concha Syrah 2012 por mucho más que su nombre. Hablando de Syrah, después tomamos un Shiraz australiano que la rompía y pegado un Sauvignon Blanc neozelandes que me viene bien para estudiar para la nota que escribiré proximamente y debutando dentro de la nueva movida del los Argentina Wine Bloggers. Y se metió en el medio un Prosecco italiano que la rompió y dos Brunello di Montalcino que también. Y se apareció de repente el Pasionado de Andeluna Cabernet Franc que estuvo en el top ten de la feria. Y después un Caro 2010 que también. Pasó un vino de Bordeaux y el siempre cumplidor Gran Dante Bonarda de Dante Robino. Y probamos el Zuccardi Malbec Finca Canal Uco y algún Oporto que estaba de rechupete. Y algunos más que se imaginarán.
Para esa altunra de la noche le entramos a los altos uruguayos.
Nos gustaron el Gran Tannat 2011 de bodega Toscanini, el Massimo Deicas de Familia Deicas, el Tannat A de Bodega Marichal. El Il Nero de la Antigua Bodega Stagnari y el Osiris Merlot de la misma bodega que la rompió toda. Nos gustó el Dayman Tannat de H. Stagnari y el Antología 2004 de la bodega Toscanini. En el medio se coló el Finca Las Moras Pedernal Malbec 2010 y el único Carmenere chileno que me gustó, el Oveja Negra.
Quedan un montón de vinos que no nombré. Estos fueron los que más gustaron y hay un montón de muchos otros que ni siquiera llegué a probar.
La comida es tema aparte. no hay feria a la que haya ido en la que se coma como en ésta. Fenomenal. Y el lugar buenísimo.
Para todo amante del vino que pueda y tenga cómo, mi humilde consejo es que se vaya guardando el último fín de semana de enero de 2018 para darse una vuelta por Punta del Este y visitar éste evento. Unico y genial.
Gracias a todos y seguiremos por los caminos del vino en cualquier momento.
Más terrenal, creo que el viernes vuelvo con el Vinos de Super challenge.
Eramos tan pobres...
PD: van las fotos de la segunda noche. De la primera también hay, las subiré en algún momento.




























jueves, 26 de enero de 2017

Como siempre. Digame Sommelier.

Es jueves, mañana me voy a Uruguay nuevamente a participar del Salón del Vino en el Conrad de Punta del Este. Me despierto temprano para variar. Son las siete menos veinte. Como toda persona normal en éste mundo, lo primero que hago es agarrar el teléfono. Tengo un mail. Argentina Wine Bloggers me acepta como miembro. 
Felicidad!
Qué bueno despertarse con ese tipo de noticias. Así que como estoy feliz de la vida, prendo la compu y termino de escribir la entrada que me debìa de la increíble juntada que tuvimos el viernes pasado con los amigos de Digame Sommelier, que al fìn y al cabo son los compañeros de ruta, iniciadores y por los que empecé a escribir de vinos. 
Entonces gracias totales al Gran Capitán Kaller, a Penélope Glamour (alias Marcela Martinez), a Sole (de los Bologna Brothers), a la Pitu, a Lola, a Dana, al Sommelier del Pueblo Tomassoni y al Enorme Dani Badalassi y al Maestro Moreno por brindarme su amistad. 
Va entonces el texto: 

Aquí estamos nuevamente, inaugurando el año.
Una sucesión de inconvenientes y problemas de agenda fueron haciendo dilatar los tiempos. Que tal no puede, que tal se fue de viaje, que alguno tuvo problemas estomacales. De a poco y entrado el año los planetas se alinearon y pudimos finalmente juntarnos nuevamente. Los Digame Sommelier estamos activos y felices de estar juntos. Hace calor y lo que mata es la humedad. Recibo en casa a los compañeros sommelieres y estoy contento. Para la primer juntada del año decidimos "tema libre". Vino tinto, de lo mejor que se nos cruce por la cabeza. Es así que contamos con una serie de botellas prestigiosas dispuestas a su degustación por parte de los comensales. Contamos con la presencia del Gran Sensei Cesar Moreno que nos engalana la velada y pretigia la cata.
Entonces hoy es 20 de enero de 2017 y con tema libre y exquisitas brochettes variadas preparadas por el amigo Chiqui, pareja de Penelope Glamour (alias Marcela Martinez) nos damos el gustazo periódico de estar juntos.
Están, Lola, Dani, el Gran Capitán, el Sommelier del Pueblo, Dana, Sole (de los Bologna Brothers) y quien les habla aparte de los nombrados. Equipo casi completo.


Arrancamos con picada y un blanco que esta bueno y refresca del que hablamos hace justo un año, el Dorado de Vicentín Sauvignon Blanc, cumplidor y rico.
Seguimos con un rosado. El Vuelá, rosado de Pinot Gris, edición especial 2015. Frutado y fresco. Cerezas y guindas. Refrescante y delicado. Un poquito dulzón. Bien,
Hubo dos viejitos para degustar. Un D.V. Catena Pinot Noir-Pinot Noir de 2005 que estaba bien, pero en el justo momento que empezaba a recorrer la línea descendente de la evolución. Por otro lado, probamos un Norton Merlot 1999 que estaba precioso. Con todos esos años en botella todavía mantenía una buena frescura y sobre todo la tipicidad. Bien Merlot a pesar del paso de los años. Un gran descubrimiento de un gran vino que se desarrolló perfecto.
El Sensei trajo un extraño Pinot Noir llamado Sentido y que proviene del Valle de Pedernal en San Juan. Lo extraño de la botella es que viene con tapa corona (como las botellas de cerveza) además del tradicional corcho. Una rareza y un correcto Pinot Noir.
Fue una "decepción" a medias el Mugrón 2013. No porque sea malo, al contrario, es un muy correcto vino salteño, con las características y los diferenciales de la zona. El tema es que esperábamos mucho más de él. La conjunción de cinco de los más importantes enólogos de Salta, más lo mucho que se ha escrito y dicho sobre éste proyecto, hicieron crecer las expectativas. Lástima, era una de las botellas que más esperaba probar en la noche. Insisto, el vino es bueno, pero no es muy diferente a otros vinos salteños que andan por el mercado. Fortachón, musculoso, concentrado. A mi gusto le falta un poco de complejidad.  El Capitán arriesga que todavia es demasiado jóven y que hay que esperarlo un tiempo en botella. Que así sea.
Una sorpresa fue el Sottano Reserva de Familia Malbec. Rico, frutado y un poquitín especiado en nariz. Con taninos dulces y agradables en boca. Concentrado pero aterciopelado. Exquisito y exhuberante. Muy bueno y gran revelanción de la noche.


Después vinieron los grandes Valores de la Noche.
El Gran Malbec de Angeles 2011 que la rompe. Bien típico Malbec mendocino. Riquísimo.
Y después lo que me parecieron que fueron las grandes estrellas. El Beso de Dante 2012 de Luca. Un extraordinario vino. "Si querés saber lo que es el regaliz, ahí tenés" dijo Moreno. Así es. Vinazo.
El Inspirado de Lorca Blend de 2009. Otro vinazo con una nariz complejísima. Especiado mezcla con chocolates amargos y frutas rojas bien maduras y todo en medio de una evoluciòn riquìsima. Y al tomarlo una experiencia diferente a lo que se esperaba. Con mucha estructura, pero bien integrado en la madera y larguísimo final. Precioso.
El tercero del trío de los notables fue el Bramare Malbec 2011. Con notas frutales, aromas a violetas y un especiado como a tomillo muy interesante. Buenísimo en boca. Disfrutable al máximo.
Esperábamos más del Finca la Escuela Malbec 2013 y pasó un poco desapercibido el Cadus 2013 Malbec blend of vineyards. Otros dos que generaban expectativas y no levantaron muchos aplausos.


Aplausos como siempre para el Arrogante de Vicentìn, un vino delicado, rico, que nunca falla y para Prestige de Carinae que es tan complejo en su simpleza. Dos vinos que siempre gustan, cada uno en su estilo. Cada uno en su lugar. Con esas dos etiquetas no le erras seguro.
El del estribo fue el Domados Grand Reserve Malbec-Merlot. Muy buen vino que quizás hubiese necesitado más de nuestra atención.
Terminamos felices de estar juntos, disfrutando el vino, que es lo que nos une y nos gusta. Aplauso cerrado para nosotros y nos vemos la próxima, que quizas sea un Merlotazo.
Salud.



miércoles, 25 de enero de 2017

Asociación Rosarina de Sommeliers


En éstos días de calor intenso y humedad inhumana me llega un mensaje de don Cristian Arias. Dice que me invita a participar de una reunión informativa sobre el proyecto colectivo que iniciaron hace unos meses con algunos de los más experimentados sommeliers de la Chicago Argentina. La Asociación Rosarina de Sommeliers ya tuvo un par de intervenciones en eventos y se plantea como espacio colectivo que potencie a cada una de sus individualidades en aquello que les atañe. La más directa que se plantean es definir ciertas pautas básicas para el trabajo del sommelier. Generar eventos y capacitaciones también está en sus horizontes. Para más adelante un espacio común y una carrera terciaria. Todos objetivos necesarios y loables.
El desarrollo de la industria del vino hace necesarios a los sommeliers como comunicadores y difusores. Hablando mal y pronto "le facilitan la venta a las bodegas" y generan consumidores más instruidos. El que aquellos que trabajan profesionalmente en el tema se junten es una consecuencia lógica y una necesidad básica. En éstas épocas en que todo tira para abajo, es mejor estar atado a algo, formar parte de un colectivo y compartir con los pares las necesidades comunes. Así es y como planteo general debe ser aplaudido.
Los logros irán llegando o no de acuerdo a la capacidad de trabajar colectivamente, dejando intereses personales a un costado para generar un espacio en el que todos después puedan desarrollarse.
Personalmente, éste humilde escriba enológico estará para ayudar ahi donde se pueda, quizas difundiedo, quizás solo participando.
El tiempo irá dando respuestas.
Salud y buena ventura a la Asociación Rosarina de Sommeliers.

sábado, 14 de enero de 2017

Dos vinos en Cabo Polonio



Son las 12:15 del jueves 12 de enero de 2017. Una señora de unos sesenta años de pelo renegrido y rodete tirante carga una sombrilla verde y blanca intentando remontar la loma que lleva a la playa sur de Cabo Polonio. Con cara de pocos amigos mira a su alrededor y reprende al que seguramente es su hijo que camina unos pasos delante de ella.
- Donde me trajiste?-   dice con mezcla de bronca e incredulidad esquivando una pila de bosta de caballo.
Acaba de bajarse de un camión con viejos asientos de colectivo reciclados en la caja y traída a través de 7 kilómetros de médanos desde la ruta. Estamos en Rocha, departamento de la R.O.U.  El lugar, ya lo dije, es Cabo Polonio. Un inhóspito cabo rocoso rodeado de médanos y alejado del mundo civilizado que cuenta con un faro y una población de lobos marinos. Acá no hay electricidad ni agua potable. Menos gas natural y ni qué hablar de cloacas. No hay calles ni árboles. No hay un solo árbol! Mucho menos sombra. Un centenar de casas desperdigadas por ahí caen hacia el mar de manera desordenada y una población de turistas de lo más estrafalaria  se pasea entre la arena y las piedras por puestos de venta de ropa y chucherías de reminiscencia hippie. Siempre hay alguien tocando la guitarra
- Que le ven a ésto? Si no hay nada...- Sigue diciendo la señora con cara de pocos amigos.
Justamente el encanto de Cabo Polonio es que no hay nada. Hay gente, hay estrellas, hay anocheceres, cielos, lunas, mar, playa, barcitos precarios iluminados con velas, charlas con gente por conocer. Hay nada más que eso. Es jugar un rato al desenchufe total. Hacerse el que uno puede prescindir de la tecnología.
Hace nueve años aquí cambió radicalmente mi vida para bien. Hoy vuelvo sommelier a pasar unos días al Cabo y de paso les cuento que tomé unos vinos. No muchos, porque el vino es secundario en el Polonio, pero algo puedo contar.
Son dos vinos y de alguna manera surge el tema del maridaje uniéndolos.
El primero lo tomé en el restaurante de la posada "La Perla" que está casi en la punta misma del Cabo y con las olas lamiendo la entrada. Cayendo en la playa está este lugar muy lindo que es excepción y que tiene una muy buena ambientación con velas y música de jazz acorde. Rica comida en la carta y una buena variedad de vinos para acompañar. Una noche nos dimos un gusto familiar diferente y nos sentamos a comer aquí. A mi se me dió por pedir un ceviche de pescado de la pesca del día. El vino en cuestión fue el Atlántico Sur Sauvignon Blanc 2016, de Familia Deicas, la bodega más grande de Uruguay.  Anda el Sr. Hobbs detrás de éstos vinos como consultor.


Del color no puedo hablar por la carencia de luz evidente. En nariz es de los sauvignon blancs frutados. Pomelo amarillo, muy cítrico, con toques algo herbáceos. No mucho más. En boca tiene una acidez muy mordiente. Punzante y firme. No mucha estructura y una puntita carbónica que lo hace un poco vibrante. Al abrirse y subir un poco la temperatura apareció la nota desconcertante. Pera. Si, pera madura Y se quedó ahí por el resto de la noche. Raro, está bueno sin descollar demasiado.
El vino en sí no me pareció del otro mundo, hay muchísimos sauvignon blancs mejores. El tema es que cayó justo con el ceviche. Acompañando la acidez, empujándo los sabores y mitigando el picante. Una gran combinación y golazo del maridador que la pasó bomba con su plato y su vino. Y que además la pasó bárbaro con su mujer y su hija a la vera del océano atlántico.

El segundo vino salió al otro día. Los amigos uruguayos Juan y Victoria están parando en el Cabo con sus hijos en un rancho con vista a la playa Sur. Salió juntada al anochecer. Desde aquí se ve una de las puestas de sol más hermosas de Uruguay. El sol cae en el océano y nosotros no podemos más que maravillarnos. Aparte es día de luna llena, con lo que el espectáculo del cielo está completo minutos más tarde.
Hay charla, picadita y pizzas. Y abrimos un Marichal Premium Varietal Cabernet Sauvignon 2015 de una de mis bodegas uruguayas favoritas.
Ya hable de ella en otra entrada https://porlascatas.blogspot.com.uy/2016/01/bodega-marichal-uruguay.html.



El cabernet en cuestión es fresco, de una estructura moderada, suave, bastante frutado. Aromas a frutas rojas y pimienta blanca. Delicado y sabroso. Un cabernet jóven para tomar tranquilo en buena compañía y a buena temperatura acompañó bárbaro la comida y la charla.
Y aquí encontramos otra cuestión del maridaje y el vino. No siempre el vino que más se disfruta es el mejor ni el más caro. Hay vinos que acompañan, juntan, unen, dan alegrías y entusiasman. Hay vinos que no son los mejores objetivamente pero que en el lugar y el momento indicados descollan.
Cuento dos casos de vinos que estuvieron justo en su lugar y que hicieron el prodigio del mejor de los maridajes. Estuvieron cuando tuvieron que estar. Ese es el mejor emparejamiento que puede haber.

Son las 23.15 del miércoles 11 de enero de 2017. Hay luna llena y caminamos de vuelta por la loma que lleva a la playa sur que tanto le costará subir a la señora del rodete mañana. No hay más luz que la del satélite natural en medio de un cielo estrellado como pocas veces se ve. A ambos lados del cabo se ve el océano plateado y se escuchan las olas romper. Una brisa fresca nos hace sentir frío. Se ven cuesta abajo pequeños faroles de velas en medio de la noche y gente alrededor yendo y viniendo con linternas. Cada veintitantos segundos da vuelta la luz del faro por sobre nuestras cabezas. Nos cruzamos a un grupo de jóvenes en el camino. Uno de ellos intenta en vano sacarle una foto a la luna llena.
- Sacale una foto mental y dejate de joder.- le dice uno de sus compañeros.

Abrazo y seguramente la próxima será de nuevo en la patria. El 20 vienen los amigos de digamesommelier a casa con esperada visita del Sensei. Algunas botellitas abriremos...
Abrazos y salud.